miércoles, 27 de abril de 2011

MARÍA ISBERT NOS HA DEJADO A LOS 94 AÑOS

Intentar abarcar una filmografía como la de la fallecida actriz Maria Isbert es, sin duda, una empresa homérica. De hecho, participó en tantas películas que nadie parece tener claro cuántas fueron exactamente: mientras en imdb aparecen 183 títulos (entre obras para cine y televisión), en otros medios como El País citan que su obra ronda los 300 filmes. Sea como sea, queda claro que la hija de Pepe Isbert fue una actriz inagotable, preferiblemente cómica -le venía de familia-, que dividió su vida entre las tablas del teatro y la revista y los escasos oropeles del cinematógrafo español durante el franquismo.

Nacida en Madrid el 21 de abril de 1917, hija y madre de actores (dos de sus siete hijos, Tony y Carlos, son también intérpretes), superó la negativa de su padre -de quién heredó su voz entre afónica y aflautada- a que se dedicase a la actuación debutando en el campo del largometraje con La vida empieza a medianoche de Juan de Orduña. Era 1943, lo que indica que la actriz estaba a punto de cumplir sus 75 años al servicio del cine español, siempre en papeles pequeños, relevando a Rafaela Aparicio en los papeles de empleada del hogar, secundando a su amiga Florinda Chico -fallecida el pasado 19 de febrero- como inolvidable suegra cascarrabias o haciendo de esposa desconsolada del siempre vividor Paco Martínez Soria.

Puestos a destacar algunos títulos de su filmografía nos quedaríamos, claro, con 'Viridiana' (1961), pero también con 'La gran familia' (1962), 'El Verdugo' (1963), 'No desearás al vecino del quinto' (1970), 'Un, dos, tres, al escondite inglés (Un Dos Tres... al escondite ingles)' (1970), el spaguetti western 'El Blanco, el Amarillo y el Negro (Il Bianco, il giallo, il nero,)' (1975), 'La Guerra de papá' (1970), 'Amanece, que no es poco' (1989) y 'La gran aventura de Mortadelo y Filemón' (2003). También colaboró en multitud de series, la mayoría producidas por TVE, como 'Pero ¿esto qué es?' (1986), 'El C.I.D.' (1990-1992), 'Celia' (1993) o 'Villarriba y Villabajo' (1994).
Fuente: sensacine

lunes, 11 de abril de 2011

LA MÁQUINA DEL TIEMPO por Harmonica

F.I.S.T. Símbolo de fuerza (F.I.S.T, 1978), de Norman Jewison

(II) El factor más importante de todo movimiento obrero, desde su fase inicial, ha sido la de poseer unas ideas comunes entre sus miembros por las que luchar con el fin de obtener mejoras laborales y salariales. El trabajador de base ha sido consciente de que por sí sólo nunca podría conseguir sus objetivos. Y desde esos primeros momentos asociativos hasta la actualidad, ha tomado partido por una unión y una organización capaces de lograr las metas deseadas con unas herramientas básicas pero imprescindibles: la reunión, la asamblea, el sindicato y la huelga. El cine se ha hecho eco de estos elementos. Centrándome en el personaje del sindicalista, aquí figura preeminente, la realidad es que en la Gran Pantalla se han dado respuestas y visiones enormemente contradictorias al respecto. Anotaré, a vuelapluma, algunas aportaciones referentes. 

Aparece en su forma más célebre en La ley del silencio (1954), de Elia Kazan, donde se narraba la historia de unos trabajadores de los muelles de Nueva York enfrentados a la mafia sindical. En 1969 se presenta al sindicalista como un hombre preocupado por los trabajadores aunque en ello le fuese su propia vida, la italiana Metello, de Mauro Bolognini y la británica Odio en la entrañas, del norteamericano Martin Ritt, son dos buenos ejemplos. En ésta última, ambientada en 1876, un grupo de mineros galeses e irlandeses trabajan en EE.UU. en deficientes condiciones hasta que deciden unirse en un sindicato perseguido por la policía.
En 1979, de nuevo el director Martin Ritt (Donde la ciudad termina, Hud, Un hombre, Cartas a Iris…) estrena una de sus películas más emblemáticas, Norma Rae. Basada igualmente en un hecho real, describía la conversión de una operaria de una fábrica textil en una líder sindical. Versión optimista y reivindicativa de la mujer trabajadora. Norma Rae (encarnada con convicción por Sally Field) es, sin duda, una película de indudable interés. Sin embargo, apenas dos meses antes del estreno de FIST, el afamado guionista Paul Schrader debutaba en la dirección con la contundente Blue Collar. Entre ambas existía un nexo común, en el seno del Sindicato habitaba el germen de la corrupción.

De camionero a lider de masas. Johnny
Kovac, trasunto del verdadero Jimmy
Hoffa, convertirá el sindicato en una
potencia económica y política. Stallone
en su primer papel en una gran
producción.
Producida por Gene Corman y Patrick J. Palmer para Chateau Productions (productora que solo llegó a financiar dos películas, la que nos ocupa y la anterior Patrulla de vigilancia, de George Armitage); FIST tuvo un presupuesto aproximado de once millones de dólares y se filmó en diversas ciudades de Inglaterra y Estados Unidos entre Junio y Agosto de 1977.

Cleveland, 1937. Tras sufrir varios años de injustas condiciones laborales, un honesto empleado de una fábrica, Johnny Kovak (Stallone) lidera una campaña para unir a sus compañeros. Kovak se emplea en el sindicato F.I.S.T (siglas de Federación Inter-estatal de Transportistas), donde comienza un constante ascenso en la organización, y, a medida que va escalando posiciones, sus métodos se vuelven más rudos, a fin de enfrentar las amenazas e intimidaciones de la compañía. Finalmente, un senador comenzará una campaña para encontrar conexiones entre el sindicato y la mafia…

La película es en realidad una biografía inconfesa del mítico sindicalista Jimmy Hoffa (1),- oculto en el film tras el pseudónimo de Johny Kovak-, adaptada a la pantalla con brillantez en el debut como guionista de Joe Eszterhas (con la, al parecer, problemática colaboración del propio Stallone, que según algunas fuentes se limitó a modificar el libreto a su antojo una vez que éste estuvo presentado al estudio). Eszterhas, originario de Hungría, tipo conflictivo en su juventud pero talentoso literato, ha sido siempre un guionista extremadamente irregular que alcanzó la gloría con el guión de Instinto básico en 1992. En su curriculum hallamos aciertos estimables como el thriller de Richard Marquand  Al filo de la sospecha (1982) o, sobre todo, el drama La caja de música (1989) del prestigioso director griego Costa Gavras. No obstante, también podemos citar films tan poco meritorios como Flashdance (1983), del temible Adryan Lyne; Sin escape: ganar o morir (1993), vehículo de lucimiento para Van Damme y dirigida por el otrora mínimamente prometedor Robert Harmon (Carretera al infierno); o la coleccionista de razzies, Showgirls (1995), de Paul Verhoeven.
La huelga, referencia ineludible
del movimiento obrero. Kovac
lo hará a su manera:
¡Responderemos a la fuerza con
la fuerza¡ Será acusado de guiar
al sindicato por la senda de la
violencia
Eszterhas (y Stallone) apuestan por un planteamiento argumental que remite, por evidente analogía, a la estructura empleada en aquel llamado cine “primitivo” de gánsteres de los años treinta, esto es, el ascenso y caída del protagonista. Sirvan como ejemplo films tan reconocidos como El enemigo público (1931), Scarface (1932) o Los violentos años veinte (1939), por más que en el caso de FIST esa “caída” quede suavizada o (muy) matizada por un final de cierto carácter redentor. Resulta curioso cómo se enfatiza en la ambivalencia conductual del protagonista. Kovac asumirá la responsabilidad de sindicar a los empleados de la fábrica cuando, en plena rebelión reivindicativa, sea “descubierto” por Mike Monahan, presidente local del sindicato -tienes don de gentes, le confiesa-. Johnny acabará sacrificando sus ideales en virtud de la causa, pues los favores del crimen organizado, rémora contemplada como indispensable para defender los intereses de los trabajadores (y del sindicato), deben ser siempre correspondidos… El espectador podrá aceptar la condición como legítima y justificar sus actuaciones en función de sus objetivos, logrando empatizar con el personaje y, en última instancia, apostar por su “salvación”. Con todo, la pregunta surge inevitable: ¿Justifica el fin los medios? Guión sólido, de personajes convenientemente perfilados, trabajado y de gran factura, consigue mantener la atención aun cuando la duración de la cinta sobrepasa las dos horas.

El encargado de plasmar en imagenes el libreto de Ezshertas (y Stallone) no fue otro que el director canadiense Norman Jewison (2). No fue ninguna sorpresa, hoy prácticamente olvidado por el gran público, Jewison era uno de los realizadores más reputados por aquel entonces. Podía jactarse de un historial repleto de éxitos: El rey del juego (1965), la oscarizada En el calor de la noche (1967), El caso de Thomas Crown (1968), los musicales El violinista en el tejado (1971) y Jesucristo superstar (1973), o la futurista Rollerball (1975). Entusiasmado por el proyecto asumió además el rol de productor ejecutivo.

¡Eso es lo que somos todos nosotros¡ ¡Un puño¡ ¡Un
solo puño¡ Un poderoso Kovac ante las siglas de la
Federación Interestatal de Camioneros
Vaya por delante que Jewison no es particularmente un director al que yo tenga en muy alta estima. Este cineasta intergeneracional siempre me ha parecido un realizador irrelevante, poco destacable y falto de personalidad, en la línea de nombres como Michael Anderson, Herbert Ross o Harold Becker. Un tipo que se a las modas imperantes en cada época. Su compromiso siempre ha estado ligado ha obtener el favor del público. Con FIST no lo consiguió. Si bien sus aciertos son escasos y atentos a la más ajustada aleatoriedad, no me disgusta su labor al frente de El rey del juego, un film que heredó de Sam Peckinpah (todavía sueño con lo que hubiera hecho éste) al poco tiempo de iniciar su rodaje. Para El caso de Thomas Crown “afrancesó” la puesta en escena (arropándose en una casi fundacional y gratuita utilización de la pantalla fragmentaria), y me agradó la inusitada audacia con la que planificó las secuencias de acción de Rollerball, película que, además, gana enteros si la comparamos con el flébil remake perpetrado por John McTiernan en 2002. En FIST, su planificación está exenta de adornos, agradecidamente clasicista pero ciertamente funcional, poco dada a funambulismos que le desvíen del camino más fácil. Jewison se siente cómodo, se sabe protegido y, aunque se limita a plasmar solo oficiosamente el guión en imágenes, es justo reconocer, nobleza obliga, que no cae en esa tan temida asepsia visual, característica ésta, muy habitual en su cine. Quizás consciente de sus limitaciones (¡osada afirmación la mía!) sublima el fondo y no la forma. No hay pérdida por tanto. Un trabajo eficaz. Continuara...

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(1) James Riddle Hoffa nació el 14 de febrero de 1913 en Brazil, Indiana. Lo eligieron presidente en 1957 de la Hermandad Internacional de Camioneros. Estuvo estrechamente vinculado a la Cosa Nostra. Gano notoriedad por sus tácticas agresivas contra todos sus oponentes, tanto en el interior como en el exterior del IBT. Blanco de una investigación en 1957 por el senado de los E.E.U.U. sobre la corrupción en la organización, fue condenado por intento de fraude, y conspiración. Contrató a los detectives privados Fred Otash y John Danoff para grabar las confidencias de Robert Kennedy a Marilyn Monroe, su amante, que pusieron en un brete la presunta honorabilidad de los hermanos Kennedy en su guerra contra la Mafia. Ingresó prisión en 1967. Su sentencia fue conmutada en 1971. Intentó recuperar protagonismo dentro del IBT cuando en 1975 desapareció. Los rumores en cuanto a cómo murió no cesaron. Su cuerpo nunca apareció.

(2) En la biografía del canadiense debe hacerse referencia a la influencia que para él tuvo la colaboración del montador Hall Ashby, ambos entraron en contacto a mediados de los sesenta. De hecho, el director de fotografía Haskell Wexler declaró lo siguiente al respecto: “Me di cuenta de que Hall era una verdadera fuerza; el hizo que mejorase la creatividad de Jewison. Formaban un buen equipo y no creo que Norman haya vuelto a hacer películas como aquellas desde que dejo de trabajar con Hall”.



HA FALLECIDO EL DIRECTOR SIDNEY LUMET

El realizador y escritor Sidney Lumet ha muerto en su casa de Nueva York a los 86 años, víctima de un linfoma. Auténtico renovador del cine negro clásico, Lumet, junto a otros ilustres cineastas también fallecidos como John Frankenheimer, Robert Aldrich, Arthur Penn o Robert Mulligan, fue punta de lanza de la denominada como la "generación de la televisión": cineastas que cimentaron su estilo en la pequeña pantalla para luego trasladar sus tan veloces como violentos conceptos narrativos al cine más espectacular. Con su deceso llega también la muerte de una manera muy particular de hacer y entender el cine, y no nos referimos sólo a los thrillers contemporáneos -de los que Lumet podría ser padre putativo- sino de toda buena película que se precie.

Sidney Lumet, además, debutó a lo grande, con un clásico imperecedero (víctima de todo tipo de remakes, relecturas y copias): '12 Hombres sin piedad (Twelve Angry Men)' (1957), claustrofóbico thriller minimalista que relata la deliberación de un jurado frente a un caso de pena capital donde el cineasta, además, se descubría como un hombre superdotado para la dirección actoral. La película significó su primera nominación al Oscar a Mejor Director, dicha situación se repetiría hasta tres veces más: 'Tarde de perros (Dog Day Afternoon)' (1975), 'Network, un mundo implacable (Network)' (1976) y 'Veredicto final (The Verdict)' (1982). También obtuvo otra nominación al Oscar por 'El príncipe de la ciudad (Prince of the City)' (1981), en esta ocasión a Mejor Guión Original. Sin embargo únicamente se alzaría con una estatuilla, la que la Academia de Hollywood le otorgó de forma honorífica el pasado año 2005.

El director estuvo en activo desde los años cincuenta-donde su producción se reduce básicamente a la televisión: series y tv movies- hasta el año 2007, donde Lumet se despediría del cine con la sobresaliente cinta 'Antes que el Diablo sepa que has muerto (Before the Devil Knows You Are Dead)'. Entre medias cinco décadas de trabajo infatigable, de cine realista, hiperviolento, repleto de tipos duros en situaciones aún más duras. En sus películas había atracos ('Supergolpe en Manhattan (The Anderson tapes)', 1971 y 'Tarde de perros (Dog Day Afternoon)', 1973), intrigas armamentísticas internacionales ('Punto límite (Fail Safe)', 1964), policías atípicos en el cumplimiento de su deber ('Serpico', 1973, 'La ofensa (The Offence)', 1972, 'El príncipe de la ciudad (Prince of the City)', 1981 y 'Distrito 34: Corrupción total (Q & A)', 1990), e incluso un durísimo alegato contra la telebasura... cuando aún ésta ni existía ('Network, un mundo implacable (Network)', 1976). Aunque seguramente el campo en el que más se llegó a desenvolver sería, precisamente, aquél en el que debutó, en ese raro subgénero llamado cine judicial y de que Lumet aún nos entregaría otra inapelable obra maestra: 'Veredicto final (The Verdict)' (1982), con un magnífico Paul Newman.

martes, 29 de marzo de 2011

MUERE FARLEY GRANGER A LOS 85 AÑOS

Farley Granger, protagonista de La soga (1948) y Extraños en un tren (1951), ha fallecido en Nueva York a los 85 años. Granger nació en julio de 1925 en San José, California. Empezó su carrera cinematográfica en 1943, interpretando al adolescente ruso Damian Simonov en La estrella del norte (Lewis Milestone), protagonizada por Anne Baxter y Dana Andrews. Tras The Purple Heart (Lewis Milestone, 1944) y un periodo en el ejército, protagonizó Los amantes de la noche (Nicholas Ray, 1947). Aunque ésta no se estrenó hasta 1949, Alfred Hitchcock, que estaba preparando La soga, la vio en un pase privado y decidió darle uno de los personajes protagonistas. El director británico volvió a contar con él en Extraños en un tren. Doce años más tarde, y después de varias películas de poco éxito, aceptó viajar a Italia para trabajar con Luchino Visconti en Senso, junto a la estrella Alida Valli, y de allí, tras una larga estancia en Europa, donde se codeó con intelectuales y artistas franceses e italianos, regresó a Nueva York para iniciar su carrera teatral y televisiva.
Fuente: tío Oscar

lunes, 28 de marzo de 2011

¡QUÉ PELICULÓN MÁS MALO! por Íñigo

Golpe en la pequeña China (Big Troble in Little China, 1986), de John Carpenter

Del peliculón más malo de hoy podríamos decir que tiene muchas cosas curiosas. Este film fue masacrado brutalmente y sin compasión por la crítica de su tiempo, y como no, por todas las revistas especializadas de cine, críticos y público, con lo que fue un fracaso estrepitoso de taquilla mundial. Esta producción de 25 millones de dólares a mediados de los 80, sólo recaudó la paupérrima cantidad de 11 millones en los cines: UN COMPLETO DESASTRE.

¿Realmente merecía semejante suerte? Pues la respuesta depende de la persona y del nivel de frikismo que tengas, pero décadas después es increíble la legión de fans y admiradores que ha generado, y que la consideran una obra maestra, una auténtica cult movie. Un crítico español, en 1986, hizo una review del film calificándolo con perlas como: “copia barata de Indiana Jones que discurría por escenarios de cartón piedra, en una especie de versión cinematográfica de alguna atracción descacharrada del parque Disneyworld”.

El film es una mezcla de fantasía china muy exótica, con artes marciales, efectos especiales, aventuras y comedia. El film es realmente muy entretenido, interesante y divertido. Una peli que engancha, te mola mucho y te la tragas dando brincos en el sofá como un niño. Los efectos especiales de Richard Edlund son extraordinarios y aparentes para la época, y la fotografía es espléndida. El guión original de Golpe en la Pequeña China era el mismo que el del film que conocemos pero ubicado en el siglo XIX en clave de western, en donde Jack Burton era un cowboy y vivía aventuras en la comunidad china de Chinatown (¡¡¡Flipas!!!). Todo esto se debía a que el western era un género del que Jonh Carpenter estaba enamorado, pero afortunadamente el guión fue reescrito y el mal fue el menor. Aún así, el guión sufrió numerosos recortes para ajustarlo al presupuesto, eliminando algunas escenas de acción y efectos especiales.

Hoy en día, Golpe en la pequeña China es recordada como una de las primeras películas de Kurt Russell (con su sempiterna cara de tipo duro que parece que le cuesta ir al baño), actor que protagonizaría un buen puñado de bodrios en la década de los 80 y principio de los 90, como Tango & Cash, o Un Mar de Líos. La peli es un auténtico homenaje al cine pulp de artes marciales de Hong Kong, a Fu Manchu (imborrable ese “chinako” tirando rayos por los dedos y por los ojos ¡Brutal!), a los comics, al cine chino de los 70, etc. La película adolecía de la mala fama que tenía por aquel entonces el bueno de Carpenter, que era encasillado injustamente como director de cine de terror no recomendado para toda la familia, cosa que le llevó a no tener el favor del público.

La ironía del cine queda patente con Golpe en la Pequeña China, ya que en la actualidad hay un furor por hacer remakes de pelis chinas y orientales, y en los 80 nadie supo ver la originalidad y el efectismo de esta peli que tenía más chistes, acción, bromas graciosas y efectos especiales que muchas de las pelis de su época. Sin duda, una de las joyas a descubrir de Jonh Carpenter, las carcajadas y las risas están aseguradas.

sábado, 26 de marzo de 2011

LA MÁQUINA DEL TIEMPO por Harmonica

F.I.S.T. Símbolo de fuerza (F.I.S.T, 1978), de Norman Jewison

(I) A modo de introducción: Los inicios de Stallone...
Chico, no tienes futuro en esto, abandona”, esta era una de las frases que más repetían los profesores de interpretación a un joven alumno llamado Michael Sylvester Gardenzio Stallone. Quizás otros hubieran renunciado antes, pero Stallone persiguió su sueño hasta el final. Hijo de un peluquero italiano, Sly fue un americano marginal en uno de los barrios más pobres de Filadelfia. En la escuela se burlaban de él llamándole “Silvie” porque era delgado y remilgado como una chica. A la edad de 15 años ya había comenzado a levantar pesas. Por aquel entonces  asistía al instituto Deveraux, especializado en chicos emocionalmente perturbados. Allí se aficionó a la esgrima, el boxeo y el futbol americano. Tras graduarse, obtuvo una beca deportiva por la Universidad Americana de Suiza. Durante su estancia, se convirtió en un entrenador deportivo y se atrevió a protagonizar una producción teatral académica de la obra de Arthur Miller “Death of a Salesman”. La experiencia le gustó y así fue como se decidió a matricularse en la escuela de arte dramático de la Universidad de Miami, donde estuvo de 1967 a 1969.
 Bananas (Woody Allen, 1971)
Comenzó su carrera profesional interpretativa en producciones teatrales (shows off-Broadway), para posteriormente debutar en el cine, en 1970, con una película pornográfica (1). En ese mismo año participa en un extraño e inencontrable thriller de ínfimo presupuesto titulado No hay lugar para esconderse, de Robert Allen Schnitzer. Al año siguiente interviene como extra en una escena del notable thriller Klute (protagonizado por Donald Sutherland y Jane Fonda) de Alan J. Pakula , y aparece en una secuencia (la escena del metro) en la comedia Bananas, de Woody Allen. Sin embargo, el aparente y tímido comienzo de una posible carrera cinematográfica se paralizó bruscamente para el joven actor, fueron tiempos en que no le requerían ni para una simple figuración. Sylvester tuvo que aceptar diversos trabajos alternativos, desde pizzero hasta limpiador de jaulas de un Zoo, pasando por acomodador de cine. Durante este aciago período se volcó en la escritura de guiones. Escribió multitud de guiones que firmó bajo varios seudónimos como J.J. Deadlock o Q. Moonblood. En 1973 pasó por casi todos los castings de la ciudad, pero tuvo poco éxito. Al fin, en el 74, se le presentó una oportunidad de cierta relevancia al conseguir uno de los papeles protagonistas en la cinta nostálgica Días felices, dirigida por Martin Davidson y Stephen Verona. Film que además supuso su primera acreditación como guionista, concretamente en el ámbito de “diálogos adicionales". La película de Davidson y Verona consiguió un aceptable éxito comercial que le permitió a Stallone obtener diversos papeles en cine y televisión.
Capone (Steve Carver, 1975)
En 1975 el incombustible Roger Corman (“el rey de la Serie B”) se fija en él para protagonizar, junto al malogrado David Carradine, la psicotrónica La carrera de la muerte del año 2000, de Paul Bartel; aparece brevemente en la comedia de Melvin Frank El prisionero de la Segunda Avenida; se apunta al cinema retro de los setenta con Adios muñeca de Dick Richards y Capone, de Steve Carver. En televisión interviene en dos series de corte policiaco, la inédita en nuestro país Police Story (1973-1977) y la mítica Kojak (1973-1978), en ésta última (interpretada por el genial Telly Savalas) es un Detective llamado Rick Daly en el capítulo titulado Mi hermano, mi enemigo. A continuación es requerido para filmar un par de secuencias en la reivindicable producción Mandingo del gran Richard Fleischer. En el film, que llega a estrenarse a principios del año 76, no hay ni rastro de esas secuencias, han sido borradas en el montaje final. Al mismo tiempo, el futuro intérprete de John Rambo vuelve a la figuración sin acreditar en Cannonball, dirigida por el ya conocido Paul Bartel. De nuevo parecía que el rumbo se torcía, pero solo era en apariencia, 1976 iba a ser el año de Stallone y, supongo, que a estas alturas, ya sabéis el porqué.
Cuenta la leyenda (¿porqué no creerla?) que Stallone escribió el guión de Rocky enteramente a mano y en tan solo tres días, inspirado en un combate en el que un desconocido púgil (Chuck Wepner) vencía contra todo pronóstico al mítico Muhammad Alí. Por primera vez, varios productores se interesaron por el libreto. Era un guión bien escrito, tenía fuerza. Se empezaron a barajar varios nombres que pusieran rostro a ese desconocido boxeador que alcanza la gloria: Burt Reynolds, Ryan Oneill, Paul Newman, Robert Redford… Stallone se negó en rotundo, él tenía que ser el protagonista, había concebido un personaje hecho a su medida, la historia de Rocky era la historia de su propia vida (2). Finalmente fueron Irwin Winkler y Robert Chartoff (para Winkler-Chartoff Productions) los que aceptaron la osada propuesta del actor y guionista. En verdad, nadie en Hollywood pensó que Rocky llegara a triunfar. La película tuvo un exiguo presupuesto cifrado en apenas un millón de dólares, por lo que fue instantáneamente clasificada en la Serie B. Por su parte, Stallone renunció a cualquier sueldo, reservándose una participación de los beneficios del 10%. Rocky acabó su carrera comercial acumulando más de 140 millones de dólares. El film obtuvo 10 nominaciones en los premios Oscar, consiguiendo tres estatuillas, entre ellas a la mejor película (aquí podéis ver a Jack Nicholson anunciando a Rocky como Mejor Película de 1976). De pronto, Stallone se situó en la cumbre. Había nacido una estrella.
Los ejecutivos de la United Artist, que se habían encargado de la distribución de Rocky, querían ver a la nueva estrella en una gran producción. Era el origen de FIST, Símbolo de fuerza. Continuará...
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(1) Se trató del film The party at Kitty and Stud´s de Lewis Morton que, no obstante, firma el film bajo el nombre de Roger Colmont. Stallone cobró 200 $ por su participación en una película que tras el éxito de Rocky fue (re)bautizada oportunistamente con el título de Italian Stallion (El semental italiano).
 
(2) Recientemente Stallone declaró lo siguiente: “yo sabía que esa película era mi gran oportunidad, si se hubiera hecho sin mí y hubiera sido un éxito, no me habría quedado otro remedio que arrojarme a las vías del tren. Mi vida habría estado acabada”.

miércoles, 23 de marzo de 2011

HA MUERTO ELIZABETH TAYLOR

La actriz británica Elizabeth Taylor, estrella absoluta del cine clásico con películas como 'Cleopatra', 'La gata sobre el tejado de zinc' o 'Gigante' ha fallecido a los 79 víctima de una insuficiencia cardíaca según informa ABC News.

Elizabeth Taylor, la protagonista de clásicos como 'Mujercitas (Little Women)', 'Gigante', 'La gata sobre el tejado de zinc (Cat on a Hot Tin Roof)', 'De repente, el último verano (Suddenly Last Summer)' o 'Una mujer marcada', doble ganadora del Oscar a la Mejor Actriz, ha fallecido en el hospital Cedars-Sinai de Los Angeles. La actriz, que llevaba ingresada dos meses en dicho centro, pasó sus últimas horas rodeada de sus hijos Michael Wilding, Christopher Wilding, Liza Todd y Maria Burton. Además de ser recordada por su impagable aportación a la historia del cine, Taylor también quedará como una de las personas que más hizo por combatir el SIDA -quedó muy afectada tras la muerte de su amigo Rock Hudson, víctima de la enfermedad-, actividad por la que se le concedió en 1992 el Premio Príncipe de Asturias de la Concordia. La actriz, además, fue una de las principales defensoras del cantante Michael Jackson cuando este recibió las demandas por abuso sexual. Nacida en Londres el 27 de febrero de 1932, hoy nos ha dejado una de las miradas más bellas y poderosas que jamás haya retratado una cámara. Hoy nos despedimos de esos eternos ojos violetas.

Fuente: sensacine